En nuestro interés por conceptualizar lo que es hoy en día la cultura catalana, creemos necesario identificar de donde provienen las características y rasgos que manifiesta la identidad catalana actual. Para ello, nos hemos propuesto abordar diferentes aristas que consideramos de mayor importancia en la evolución de la catalanidad.
Así, consideramos que los factores históricos, políticos y sociales serán analizados considerando el cómo se manifiestan las interacciones dando vida a diversos acontecimientos en Cataluña. Como sabemos, en el caso catalán, las tradiciones muestran un fiel reflejo de ciertas características culturales propias y desarrolladas a lo largo de su historia, así los procesos históricos y culturales han sido fundamentales en la construcción de la identidad catalana, pero intentaremos ver cronológicamente los sucesos de mayor importancia.
En segundo lugar, analizaremos las principales características de la participación política, pues consideramos que la administración política de la comunidad refleja en gran medida sus intereses como comunidad.
Finalmente, veremos cómo los aspectos sociales han conformado la personalidad de la comunidad catalana que conocemos hoy y que los ha preparado para enfrentar situaciones para con el mundo.
Procesos Históricos y Culturales en la construcción de la Identidad Catalana.
La conformación de lo que hoy conocemos como identidad catalana se debe a la suma de procesos y sucesos que conforma el gran historial de esta cultura. La identidad colectiva que marca el sello de las sociedades corresponde a aquellos elementos sociales que el individuo adopta y que son compartidos con el resto de la comunidad (Larraín, 2001); así, aquellos rasgos definen a las sociedades y las diferencian de otras, haciéndolas únicas.
Catalunya posee una serie de rasgos propios que la diferencian del resto de las comunidades autónomas españolas; ejemplo de ello, es el papel que juega el idioma catalán como común denominador para este conglomerado social, éste ha evolucionado a lo largo de los siglos a partir del latín popular hablado en el noreste de Cataluña, que se amplió posteriormente a otros territorios hasta conformar el área o dominio lingüístico donde se habla actualmente (De Melcior & Branchadell, 2002). Así, esta lengua madre ha sido partícipe del desarrollo cultural y es un medio de expresión literaria, de costumbres, festividades, organización social, y en definitiva la concepción del mundo catalán.
Por otra parte, la gran carga histórica, tanto de la comunidad catalana como del resto de la Península Ibérica y las interacciones entre las diversas comunidades, fueron moldeando las características de la personalidad social catalana. El nacimiento del concepto de Catalunya como contenedor de todos los aspectos que engloban la sociedad logró posicionarse en 1350, en los tiempos de Pedro el Ceremonioso, lo que constituyó un nuevo paradigma regulador de la sociedad de la época (Sobrequés I Callicó, 1988)
Con más de un milenio de historia, se ha establecido que desde el establecimiento de un lazo común como lo es la lengua, no había ni un poder político unificado, ni un territorio estable y bien definido, ni una conciencia de los habitantes de los diversos condados de pertenecer a una misma comunidad, ni, por consiguiente, una voluntad colectiva nítida, ni difuminada tampoco, de querer vivir juntos bajo una misma organización social y política (Sobrequés I Callicó, 1988), por cuanto, inicialmente, no se pensó en una constitución futura de organización social delimitada, y más bien ésta puede ser concebida como el resultado de los movimientos políticos de su entorno.
Más adelante, ya no solo los acontecimiento locales influirían en la sociedad que poco a poco iba madurando, también las decisiones político-culturales del resto de Europa dejarían un cierto sello en la comunidad catalana. Mas, los de mayor influencia serían los acontecimientos políticos españoles que han determinado la condición de dependencia o autonomía de la región catalana y sus implicaciones en la lucha por el reconocimiento de su especificidad y autonomía, tales como el establecimiento de la Segunda República, la Guerra Civil y la Dictadura Franquista, siempre en relación con los conflictos internos propios de su sociedad (Fabregat, 2004).
Luego, con la recuperación de la democracia, las comunidades autónomas españolas adquirieron formalmente ciertas atribuciones administrativas que son parte de una compleja conformación social y política. El Estatuto de Autonomía de Cataluña, es el máximo referente legal, que intenta abarcar áreas económicas, culturales, educacionales, entre otros, por lo tanto constituye, como todo orden legal, el marco jurídico regulador por excelencia
Hoy en día, los catalanes, como grupo social, poseen una mixtura cultural que rescata sus raíces, pero que ha sabido incorporar y acomodar a su realidad elementos provenientes desde otras culturas, mediante lo que se denomina globalización. Además, debido a las inmigraciones, provocadas por la guerra civil y la dictadura de Franco, ellos mismos se han insertado en otros medios sociales, importando rasgos culturales y modificando, quizás, su propia cosmovisión social.
IDENTIDAD, PARTICIPACIÓN Y POLÍTICA.
Sin duda alguna, España ha realizado con el tiempo una transición paulatina de reconocimiento de diversas culturas y lo que conlleva a una evolución en su institucionalidad. Esta evolución se debe a múltiples demandas sociales, que se realizan en España y que son multiplicados en el resto de los estados iberoamericanos
Las instituciones catalanas a la vez, también han desarrollado cierto nivel de independencia similar a algunos estados federales, consolidado y estructurado. Esta evolución, una de las primeras respecto a los países en dictadura en los Estados Iberoamericanos, se refleja en la primera elección democrática, desde la dictadura de Franco, en 1977; y más adelante en el Estatuto de Autonomía de la Comunidad Catalana en 1979, siendo al año siguiente las primeras elecciones autonómicas de la comunidad catalana (Catalunya).
El desarrollo de esta nueva institucionalidad, y un desarrollo complementario de la globalización, debiese orientar a una mayor participación de todos los actores sociales, pero, según las estadísticas del diario “El País” la participación del total de votantes del año 2006 solo de un 56,77%, y con un total del 43.23% de abstenciones (el País, 2006).
Tal cantidad de abstencionismo, no tiene una sola justificación, gobiernos que poseen una clara dificultad para integrar proyectos sociales amplios, no responde a una multicausalidad, sino trasciende a un carácter sociológico respecto a la utilidad del voto y la significancia de este, en la toma de decisiones; este último punto abre una amalgama de posibilidades a la hora de interpretar el voto.
A esto se debe agregar las múltiples políticas aplicadas por el Gobierno Central de intento de eliminar las fronteras económicas, lo que hace que la política partidista o la política organizacional o vecinal, no tenga la significancia de antaño, y más aún, genere nuevas oportunidades del libre mercado y el desarrollo de estas por Europa.
No obstante, la idiosincrasia de la sociedad catalana es diferente a otras posibles realidades, (en comparación a otras comunidades del mismo Estado Español). No posee una verdadera base étnica, propia de otros círculos y sociedades. La migración hacia Catalunya crea una verdadera gran ciudad cosmopolita, el mestizaje así como en las grandes ciudades del mundo, es una característica innata, en donde familias intentaron más de algunas vez probar suerte en la ciudad y sus alrededores.
La lengua, es un potencial agente cohesionador de esta gran ciudad mestiza, bajo un contexto de multiculturalidad y globalización, poseyendo esta, una facultad de agregación para con las nuevas masas.
La globalización, crea nuevos espacios para la participación ciudadana y en Catalunya, las organizaciones sociales, son potenciales para el desarrollo de la misma Catalunya, su cultura, su lengua y su identidad. El aprender catalán, no solo significa una utilidad práctica, sino también un sentimiento de pertenencia y de integración social. Una defensa de la identidad catalana pluralista en constante adaptación en función a su multiculturalidad.
Esto se refleja en la institucionalidad que se le otorga de una u otra manera a la cultura de la sociedad catalana, siendo esta, un reflejo de la sociedad catalana, y el incremento de las facultades por el autogobierno.
Un ejemplo claro de este incremento, en la forma de financiar las organizaciones administrativas catalanas, que ahora tienen, según el último acuerdo del 2009, del Consejo de Política Fiscal, un aumento de la autonomía y la corresponsabilidad, ampliando la participación de las comunidades autónomas en los principales recursos tributarios, entre otros (Consejo de Política Fiscal y Financiera, 2009) .
Es así, como observamos, que la política, en sus diversas facetas, y su desarrollo en la comunidad catalana se manifiesta como una materialización de la identidad y cultura catalana.
La Identidad Catalana, ¿Es Construcción social?
Es complicado el proceso de distinguir los factores que pueden incidir en la construcción de una identidad comunitaria, sobre todo por su gran complejidad y vasta cantidad de perspectivas por la que debe ser sometido el conjunto en cuestión.
Recién para encontrar atisbos de clasificación en cuanto a: características de este grupo social, su comportamiento, y su propia identidad, debemos todos hallar patrones que nos distingan entre subgrupos sociales donde en una mezcla infinita de caracteres se desarrollan las culturas mas amplias, y en base a esta premisa es donde fundamos que la identidad catalana, no es distinta a cualquier otra, ya que detrás de ella tiene un sinfín de tópicos que son dignos de analizar, sin embargo bajo un contexto político-histórico que ayudaron y más bien fomentaron a la actitud que en estos días se ve entre las personas catalanes, y que si bien se podría llegar a asemejar a alguna otra sociedad-conjunto posee cualidades que son irreproducibles a partir de otros factores de producción.
La conformación social de Catalunya ha ido desarrollando a paso lento pero seguro tres tópicos importantes para la evolución y consecución de cambios, ya sean positivos o negativos, en base a los niveles de historia, economía y sociedad, siendo este ultimo de vital importancia, ya que engloba las características culturales que los catalanes desean mantener, preservando la lengua, tradiciones, costumbres y hasta el derecho consuetudinario, para ser finalmente reconocidos estatutariamente por el Estado Español como un conglomerado de completa autonomía. (Méndez, 2007)
Primero que todo, es bien sabido la representación social y el simbolismo exacerbado por la historia que tiene la lengua catalana, donde la raíz defensora a ultranza de la lengua catalana durante el gobierno de Franco y posterior nos da un claro indicio del etnocentrismo presentado en este grupo humano, llegando a ser el principal cimiento constituyente de su identidad (es prerrequisito para poder ser reconocido Nación), donde rasgos culturales específicos que incluyen fiestas, tradiciones costumbres y un sinfín de conceptualizaciones que definen a Catalunya dentro de su arraigo para poder estar vinculados con el mundo, no logran ser suficientes para sufrir la perdida de su esencia a pesar de las Autoritarias figuras que la gobernaron en tiempos pasados. En consecuencia, los catalanes hacen uso exclusivo de su lengua, a excepción de las clases altas e intelectuales, que han incursionado en ciudades donde el castellano es la primera lengua y ven la necesidad de manejar ambas; no obstante, una gran cantidad de personas en la población catalana ve a su lengua materna con un valor cultural infinitamente intrínseco a pertenecer a Catalunya, donde como eje crucial de unión, tratan de usarla en todos los ámbitos de la vida. Incluso, cuando han existido grandes masas humanas que emigran a esta zona estas son obligadas, y no por una fuerza coercitiva, sino por la fuerza de la sociedad a instaurar esta lengua como suya, adaptando sus vidas a la forma cotidiana catalana para llevar relaciones sociales básicas para la sobrevivencia en ese territorio. (Lozano, 2006)
Para finalizar, la identidad catalana, es un proceso social que ha llevado mucho tiempo, y sin ahondar mucho en sus características podemos encontrar la gran sensación de nacionalismo y etnocentrismo que la imbuye, por lo que se puede concluir su conservadurismo a ultranza del devenir, donde si bien van evolucionando en temas sensibles al medio tales como la economía y tecnología, no lo hacen en relación a su forma de ver al mundo, quizás la critica es muy dura, sin embargo es menester mencionar que en el caso catalán por mas que se quiera el liberalismo ante la autonomía son dicotómicos, ya que se prefiere mantener cualquier situación actual, con tal de no poner en riesgo los avances que se tienen sobre instauración desde la lengua como principal agente socializador de las personas catalanas hasta su propia relación interpersonal como gran organización social. Y esto queda más que claro cuando no permiten el desarrollo de la lengua del país que los acoge, más del 37% osa decir que se siente mas catalán que español, y esto es claro, amar su tierra, costumbres, y tradiciones se volvió un eje central de vida para desarrollarse conforme su propia crianza dentro de un mundo catalán desarrollado en si mismo como un “mundo-nación” aparte. (Castells, 2003)
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